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EL SOUFLÉ DE MI CASA

Hoy es un día de mucho viento. Ese tipo de viento fuerte que arrastra con todo, que te vuelve loca la cabeza y te desquicia más allá de lo que tú te puedes imaginar .

También es un día especialmente gris, desagradable, es uno de esos días en que me metería en mi pequeña burbuja .

La pequeña burbuja de la que hablo estaba en el mesón que tenían mis padres, y este postre y la burbuja están entrelazados, hablar de una cosa sin la otra no tiene sentido

El mesón tenía en su fachada tres cristaleras , la del medio era fija y las otras dos eran puertas que mi padre abría todas las mañanas. Una de salida y otra de entrada.


Al abrir ambas, entre la cristalera fija y las dos puertas, se formaba un prisma donde yo me metía y me aislaba del mundo entero.




Allí se amortiguaban las corrientes de aire, el frío, el ruido de los tenedores y copas chocando y el murmullo de la gente hablando mientras comía. Desde allí, lo de fuera del prisma, parecía ir muy deprisa.

Mi madre solía poner mi comida antes que empezasen a venir los clientes. Después de comer, me quedaba allí dentro jugando con los platos y tacitas que salían en los tambores de detergente que mi madre compraba, hasta que terminase la faena, enfrascada en mis cosas y en mis fantasías.

Lo más parecido que he encontrado siendo adulta a esa burbuja-poliedro, es el interior del coche, esa extraña sensación que se tiene cuando aparcas el coche, en silencio, sola ...


Esto ocurría en domingo y los domingos eran especiales.
Cuando los clientes se iban, se montaba la mesa para comer los trabajadores y mis padres, comían y al postre, mi madre me llamaba:


- ¡¡Mari, el suflé!!


Entonces mi padre salía con la bandeja, sujetándola con dos trapos en las manos, le rociaba el coñac, y con un mechero le prendía fuego, delante de mis ojos, fijos en las hipnotizadoras llamas azules que subían del souflé.
Ahora sé que eso no es exactamente un souflé pero en mi casa un souflé era esto y no había más que añadir.


Ingredientes:


- bizcochitos de desayuno, o de soletilla, o lenguas de gato tambien pueden valer.
- helado , del sabor que más nos guste, a mi me gusta hacerlo con helado de vainilla.
- claras de huevo, no pongo cantidad porque dependerá del recipiente que usemos, yo usé un plato pequeño, para los cuatro y usé tres claras
- una copita de coñac (opcional)
- azúcar, cuatro cucharadas para el merengue y un poquito para espolvorear.


Se usa un recipiente que pueda ir al horno y vamos disponiendo sobre su base , unos bizcochos , yo corté por la mitad los de la foto porque me gusta más fino.


Encima pondremos el helado, yo usé de barra o de corte, de tres sabores, pero si fuese para mi solita, usaría el de vainilla.

Montaremos las claras con una pizca de sal, a punto de nieve y añadiremos cuatro cucharadas de azúcar al final.

Cuando el merengue esté consistente lo iremos poniendo por encima del helado y espolvorearemos de azúcar.



A horno muy fuerte lo doramos por encima unos ocho minutos.

Los que tengan buena mano para la manga pastelera le darán un aspecto muchísimo más bonito que a mi, que no hay forma de cogerle el tranquillo .


El toque adulto lo dará el coñac que calentaremos bien, e inmediatamente después de sacarlo del horno , rociaremos por encima y quemaremos, uhmmmm...




El helado se habrá derretido lo suficiente como para empapar ligeramente el bizcocho,pero conservar helado.

El merengue se habrá tostado lo suficiente como para que aún quede merengue cremoso y suave debajo de la costra dorada.


Y el flambeado del coñac, con su alcohol ardiendo le dará el toque de fiesta al postre




¡¡Delicioso !! Espero que calme este viento y espero que os guste.

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Desafío en la Cocina

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